sábado, 20 de agosto de 2016

Blasfemia a mi favor

¡Maestros Ascendidos! ¡Maestras!
¡Que se escuche esta amorosa oración contra la mierda desproporcionada, esta solución disolvente del cordel de la máscara!
¡Escuchad esta blasfemia a mi favor, este secreto del diablo!

¡Vírgenes con piernas, dolores en el parto!
¡Sudores en la frente, diluvios y plagas!
Satanás me tiene miedo con detritos en las bragas.

Esto es un conjuro que cae sobre quien tiró.
Esto es una iracunda invocación. ¡Es la molesta bendición contra la puta o el cabrón que me la echó!

Arrojo al fondo de un cesto las dos mentiras que hay en cada mentira, una culebra de emociones descontroladas y tres sapos que se atragantan. Echo el cierre al cesto y vivo sin el tormento de lo que vive ahí dentro.

¡Maestras y maestros, facilitad reunirme con la corrupción!
He quedado a las siete de una tarde extinguida con los mismos políticos que la hicieron abolir.
Otorgad el éxito a mi plan: cargar el cesto a mi cita con los puercos, abrirlo y verter la peste ante sus bocas airosas semejantes a fruncidos anos.
¡Me inspira la órbita de Urano!

Si el cuchicheo es una fiesta, ya no me divierto.
Si la cadena es una relación personal, suelto sobre la maraña el extremo que agarraba.
Si el abuso es un trabajo, lo paro, opero desde otro lado y aludo a la dignidad para rescatarlo.

Dejo de ahogarme en el agua intoxicada de la impertinencia. Me desafecta la nefasta actitud del otro, de la otra, de lo otro o de lo mío. Se acabó mi colapso ante la tórrida energía ajena. Abandono la práctica del terrorismo de la armonía y espero el encuentro.

¡Maestras Ascendidas! ¡Maestros!
¡Que un viento huracanado se lleve las peinetas color hueso de las brujas descabelladas!
¡Terminad con el gozo de ver matar a un toro en la gradería!
Que la viuda del torero lea su elegía.

Pasead conmigo, maestras y maestros, por las afueras de este centro comercial.
Disponed el encontronazo casual en beneficio de mi plan. Mientras, asimilo escupir el veneno al dardo aunque tengo su punta clavada en mi costado. Si no dejo las cosas claras me quedará oscura toda la ropa. Cuando la autocrítica se mire el vuelto me sentiré un poco mejor. Hoy nos lavaremos la cara. Después nos miraremos en un espejo roto y jugaremos a averiguar cómo es nuestro verdadero rostro.


lunes, 15 de agosto de 2016

El recuerdo y la raíz

Recuerdo cuando dentro de tres meses recibirás tres cartas. El sábado pasado las escribí pero aún no sé leer. ¡Tengo cuatro años! No deseo que a esos tres mensajes les alumbre la más absoluta de las negruras así que guardo los sobres abiertos y vacíos. Pongo las cartas en tres paredes distintas con un mismo pegamento, dejo un candado cerrado al sol, cuelgo del tendedero dos precintos de plástico sin garantías de que el viento se los lleve y termino la colección de tres sellos que nunca usaré.
En las tres cartas adjunto respectivamente un currículum atroz, un fósil de cargador de teléfono móvil y una flor enraizada al suelo natural... Sí, no es de extrañar, en estas tres cartas explico la relación existente entre una raíz y un recuerdo.

Lo que me parece ayer

Mañana por la mañana, a las tres de la tarde, empezamos mal. Han repartido mi tarta de cumpleaños tres siglos después de que me mataran los mosquitos. El lago de mi desierto está repleto de cajas vacías. ¡Me quejo porque el número uno podría ser mucho más sencillo! Se empecina el sol en arrastrarse por las cortinas de mi espalda. No lloro. Soy manzana que deja atrás a la virgen intacta. Aunque no he reparado en las pastillas, huelo que fumo. No me extraña lo que me parece esta noche cuando amanece ayer.