viernes, 14 de marzo de 2014

No te debo nada



No te debo nada, padre. Debo darte las gracias por tu bondadoso fuego que me alumbra mientras vivo. He roto la imposibilidad de nacer. Ahora que soy un bebé, en mi cuna caigo en gracia. ¡No soy una mosca que entra por la ventana! Juega conmigo y adivina la edad que tengo a los ocho años. ¿De qué color pinto la ausencia en tu dibujo blanco? Te enseño un cofre del amor donde guardo profundamente los cordones que tú me atas. Preguntas dónde estoy a través de la voz de una madre y de los años que pasan. Me adolece crecer por el tiempo y el espacio silencioso. Mi carraca se calla, mi cicatriz es ausencia de reproche. Mientras tanto, me regalas una máquina de escribir rodeada de todas las cosas que siempre tuve. Gracias, padre. Por la verdad de tu visita, por la sorpresa de tu silbido en mi puerta. Vienes en el próximo siglo a que se rebose el perdón acumulado. En este instante, todo tu sol entra por mi casa. Este alba tuyo, padre, ilumina mis paredes andaluzas, los libros por los estantes y al ser que no sabía de un jarrón. ¡Sean para ti las alegrías hoy, que la felicidad ya te llegará en marzo! Soy tu hijo siempre, un hombre hecho de ti, de tu padre, del suyo: una mujer mecida en un alma. Gracias, padre, me das todo y no te debo nada.