miércoles, 7 de octubre de 2015

La mesa rota

En el museo, el niño se acerca con curiosidad a otra época mirando los fragmentos de la Mesa Salomónica. Con calma el niño extiende su mano y toca la superficie pedregosa de un trozo que, de pronto, se transforma en la cabeza de una mujer real. El niño se sobresalta pero no teme. La mujer, arcaica e indefinible, emerge de la mesa rota.

-¿Estás muerta? –pregunta entristecido-. No quiero que estés muerta.

-Estoy viva. Mírame. Tócame –dice la dama en un trino de ave.

El niño acaricia las apretadas trenzas de una madre que retorna.

-¿Para qué te apareces en la mesa rota?

-Para verme en tus ojos rasgados por las razas de todos mis hijos. Pero… ¡eres tú el recién aparecido! Entraste por esa galería junto con tus compañeros de clase.

Similar a cacofonías de pájaros vivos, la risa de ambos resuena hacia el fondo abisal de la mesa rota. El niño pregunta si ha venido a España por ese pasadizo.

-Procedo de los pueblos del mar, hijo ancestral. Pero… ¿yo qué puedo saber del viaje si voy sedienta a por agua?

El niño le ofrece su zumo y se alegra cuando la dama bebe y lo abraza. Después acalla su secreto con un sello de labios y no silba más. Toma de nuevo su misterio esculpido en la piedra, regresa a sus nebulosas… y desaparece.

domingo, 23 de agosto de 2015

Inventar el mundo

Un lunes por la mañana, Soledad cumplió quinientos millones de años y mi padre, un dios común, se pasó por su órbita para otorgar sus felicitaciones. ¡Pero Sol estaba rodeada de gases tóxicos y polvo desorbitado! Mi padre se compadeció de ella y me mandó en su ayuda los siguientes días.
El martes barrí la casa de Sol y, en general, todo su sistema solar. Amontoné la escoria circundante haciendo una esfera infernal. Para mi sorpresa… ¡acababa de inventar el mundo!
-Muy bien, Luzfer –me agradeció Sol-. Eres el ángel más bello de tu padre.  ¡Eres muy listo! Si lo hubieras proyectado, ¿te habría salido una Tierra tan curiosa como ésta?
El tercer día duró seis horas. Yo acostumbro a llevar un planeta hirviente en el bolsillo porque entreno en el Lanzamiento al Agujero Negro. Este tercer día, se me ocurrió arrojar mi lumbre esférica contra la Tierra casual. Sol reparó en lo que hacía, en la fuerza de mis brazos y en mi bola de fuego. El impacto causó una explosión de mil años traumáticos, toda una tarde de escombros para recogerse y, cuando se condensó, una luna resultante que alegró a mi amiga. Sol, menuda y simpática, aplaudía cuando el nuevo mundo comenzó a girar a mayor velocidad. Por eso el miércoles duró seis horas.
-Gracias, Luzfer –me dijo Sol-, por regalarme esta Tierra lunática.
El jueves descansé y el viernes regué, a pedradas de agua y sal, todo el planeta. Y colmé todas sus cuencas.
El sexto día Sol estaba muy contenta.
-¡Luzfer, dile a tu padre que venga! –me abrazaba.
En los mares más calmados, vinieron a danzar las madres de las estrellas y, desnudos como somos, los dioses comunes celebramos una fiesta.
Y el séptimo día los flujos de una gran bacanal dejaron las aguas llenas de células.

sábado, 22 de agosto de 2015

La alquimia de los zapatos

Por este entonces, no tanto por aquel, un amigo indio llamado Juan Aldea me anima a viajar a Lengua de Silencio.
-Ya verás, hermano. Quien pisa su terreno, libera sus pies –se alegra mi amigo con la mochila al hombro.
Llegamos mirando el sol en el agua, allá por el sendero que lleva a la vida novelada. Al resuello de una parada que hacemos, mi amigo me lanza su cantimplora y, a la sombra de unos árboles, se desvela su sueño donde descansa. Después escribe su dolor sobre una piedra que devuelve al suelo. Yo me tumbo sobre la tierra de Lengua de Silencio y escucho cantar a las ramas. Siento el consuelo de una madre herida danzar en mi espalda. Y por el hilo musical de las hojas del bosque, en esta canción que se festeja, sé que nunca duele la roca. Entonces comprendo que la muerte no es un descanso. El sueño sí lo es y la vida es un tránsito.
-Hace tiempo, aquí mismo, en Lengua de Silencio, me pareció ver una silueta bailando sobre una nube. Ahora estamos casi rotos. ¿Crees que es por el viaje? ¡No, alma de mar, hombre sin costa! ¡Es por ese sueño que se escapó! –dice mi amigo entre el silencio.
No creo que las alturas de Lengua de Silencio sean montañas de curación pero sí experimento que todo el lugar está albergado por un dios común, generoso y sanador. Más tarde seguimos por este camino que andamos. Conocemos a otros peregrinos de las letras que alivian la sed de su paso en las fértiles llanuras de Lengua de Silencio. Y, por increíble que parezca, todos dan con el hallazgo de la piedra escrita. Como no es epitafio muerto a nadie se lo parece.
-Juan, hay miles de espejos en Lengua de Silencio. ¿Para qué?
-Son regalos. Quien se mire en ellos se liberará de un dolor y lo dejará danzando en la superficie del espejo. Será mientras nos veamos reflejados en un momento para siempre.
-Gracias, Juan. ¿Por qué?
-Por la alquimia de los zapatos. Mírate. Hace tiempo que estamos descalzos.

                            http://lenguadesilencio.blogspot.com.es/ de Juan Aldea.

sábado, 8 de agosto de 2015

El sueño de Hamlet

Con la misma claridad con que no me veo en los espejos, agradezco la opción que me niegas: rechazar la invitación a tu boda.  Al rugido del león lo contienen hoy mis huesos y ya no diré mi amor por ti cuando lo siento abierto. En mi centro solar hay un ánimo lento, un verano partido, una media papaya, un otoño sin ti y cuanto me queda de cierto. Se celebrará una fiesta al aire libre de una jaula y, cuando aparezcan los cómicos, una mano horrible tirará de mis alas. Presta mucha atención porque se abrirán las ventanas para que por todas ellas me vaya. ¡Pero antes saltaré por sillas vacías, sobre hoyos de una arena donde arrojas calabazas! Me quedaré donde estoy, donde siembro pipas de la estéril playa. Los niños corren despacio y van pisando las cáscaras.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Amnesia Nacional

Con un pico de palabras y una pala en mi mano silenciosa, camino hacia la espesura de tu tronco arábigo. Vengo a donde reposa tu memoria. Excavo bajo tu sevillana sombra y me siento después, con los pies colgando sobre la fosa, bebiendo café. Mi propósito es presente y a recitar traigo este amor a destiempo. Lo que queda de ti no son sólo tus restos. ¡Vive, Juan Montero! Que a la pasión de tu abrazo se me calienta la mujer fusilada... ¡y en el plexo de mi pecho siento que me matan!


domingo, 2 de agosto de 2015

La única sinopsis de toda mi vida

El faro de esta costa alumbró el mar que me tragué al naufragar. ¡Dio conmigo la luz! En el rescate de mis manos salvadas yo llevaba este libro abierto. Se borró el destino escrito. Todas las páginas en blanco siempre son las siguientes. Gracias al sol de esta tierra redentora se ha secado mi papel. En el fondo abisal, alrededor de una llave, se esparce el barco donde viajé. Reconozco en estas palabras parte de mi memoria hundida, en ellas me encuentro a salvo sentado en esta playa. Decido abrirme y me desvelo. Y en la única sinopsis de toda mi vida escribo que yo amo. Entonces ya no muero de miedo. Vivo la mortalidad con alegría si sólo moriré de muerte. Y si la libertad me asustara de nuevo, cerraría mi libro abierto. Y sumergido en un cajón… ¡que navegue mar adentro!  

Me ha visto un OVNI


La mosca que interrumpe mi meditación me recuerda que soy distraído por defecto. Durante la relajación consigo contar más de tres exhalaciones: todo un mérito para mí. El resto de la respiración me pierdo en pensamientos convulsivos. Pero lo que ocurrió ayer extinguió la dispersión con la que filtro casi todas las perspectivas que tengo sobre la vida. Anoche cuando escribía junto a la ventana abierta, oh, bendita ilusión, sentí que alguien me miraba fuera del balcón. Enfoqué a mi observador con mucha concentración. Se trataba de una esfera luminosa de tres zancadas de diámetro y dos tripulantes en su interior. Ya no soy el mismo desde que me ha visto un OVNI. La nave reposó un instante flotando dos palmos sobre la grava del jardín, sin despertar a los pájaros ni dañar las hojas de las palmeras. Sí es verdad que ladraron unos perros que nadie escuchó. ¿Para qué mentir? Ahora me resulta intensamente difícil no darme transcendencia, no proyectar mi atención en mi persona como sujeto avistado. ¿Quién sabe? Quizás aparezca una mosca y cambie mi percepción.