sábado, 22 de agosto de 2015

La alquimia de los zapatos

Por este entonces, no tanto por aquel, un amigo indio llamado Juan Aldea me anima a viajar a Lengua de Silencio.
-Ya verás, hermano. Quien pisa su terreno, libera sus pies –se alegra mi amigo con la mochila al hombro.
Llegamos mirando el sol en el agua, allá por el sendero que lleva a la vida novelada. Al resuello de una parada que hacemos, mi amigo me lanza su cantimplora y, a la sombra de unos árboles, se desvela su sueño donde descansa. Después escribe su dolor sobre una piedra que devuelve al suelo. Yo me tumbo sobre la tierra de Lengua de Silencio y escucho cantar a las ramas. Siento el consuelo de una madre herida danzar en mi espalda. Y por el hilo musical de las hojas del bosque, en esta canción que se festeja, sé que nunca duele la roca. Entonces comprendo que la muerte no es un descanso. El sueño sí lo es y la vida es un tránsito.
-Hace tiempo, aquí mismo, en Lengua de Silencio, me pareció ver una silueta bailando sobre una nube. Ahora estamos casi rotos. ¿Crees que es por el viaje? ¡No, alma de mar, hombre sin costa! ¡Es por ese sueño que se escapó! –dice mi amigo entre el silencio.
No creo que las alturas de Lengua de Silencio sean montañas de curación pero sí experimento que todo el lugar está albergado por un dios común, generoso y sanador. Más tarde seguimos por este camino que andamos. Conocemos a otros peregrinos de las letras que alivian la sed de su paso en las fértiles llanuras de Lengua de Silencio. Y, por increíble que parezca, todos dan con el hallazgo de la piedra escrita. Como no es epitafio muerto a nadie se lo parece.
-Juan, hay miles de espejos en Lengua de Silencio. ¿Para qué?
-Son regalos. Quien se mire en ellos se liberará de un dolor y lo dejará danzando en la superficie del espejo. Será mientras nos veamos reflejados en un momento para siempre.
-Gracias, Juan. ¿Por qué?
-Por la alquimia de los zapatos. Mírate. Hace tiempo que estamos descalzos.

                            http://lenguadesilencio.blogspot.com.es/ de Juan Aldea.