martes, 26 de julio de 2016

El enigma de la maleta

No consigo descifrar contigo el enigma de la maleta rota. Si tú lees esto ya quieres saber a qué enigma me refiero. Si preguntas -para qué- te proyectas hacia el futuro. Si preguntas -por qué- mirarás hacia el trastero doloroso del pasado sin resolver, hacia el laberinto lleno de vacío. Eres adicto a usar la segunda fórmula. ¿Por qué, por qué... por qué? Cuestión tan trillada que ya no es útil para descifrar el enigma de la maleta rota.

¡No concibo la maleta rota! Si contemplo el sueño de un viaje con los párpados pesados no me duermo y no viajo. Los pasajeros pasan de una ocasión a otra. ¿Y nosotros? ¿Pasamos o estamos absolutamente hechos en la oportunidad de estar juntos? Nadie consigue establecer un contacto directo con aquello que permanece intacto. Lee otra vez la frase anterior y explícamela tú que ni yo mismo la entiendo. 

Necesito delatar mi necedad pidiéndote que cargues con mi equipaje mientras vuelas por encima de este enigma. ¿Sabes lo que acabas de hacer? Has desencajado el asa extensible de la maleta rota y yo te responsabilizo de esta rotura. Necesito tu espejo. ¿Me lo prestas? Me reflejo y delato mi necedad. No puedo viajar contigo si no descifro el enigma de mi maleta rota.

La vida en el vestíbulo de este aeropuerto explica la tristeza que hay en cada despedida pero a la muerte que habita en cada tristeza... ¿Quién la explica? ¿Tú? ¿Lo hace este enigma?

La megafonía insiste en que supervisemos nuestras pertenencias en todo momento pero mi voz grita en silencio que la maleta rota ya no me pertenece. ¿Quién resuelve esto? Vete ya o perderás una gran conexión y todas tus formas de vuelo. No perdamos más tiempo llegando al cielo con cáscaras de pipas, con ladrillos de sal. No te duermas en el laurel de mi menta. Todo será posible si provoco a las circunstancias que otorgan todas las posibilidades: arreglar la maleta, conseguir otra o viajar sin equipaje para resolver contigo el enigma de la maleta rota.