viernes, 22 de julio de 2016

El loco y su perro

Esta reencarnación es un alegre recuerdo. Quien se compadezca del llanto de un animal comprende cómo me siento. Soy un perro.

Un loco y yo caminamos por las calles donde llueve el desierto. El loco nunca vivirá en este pueblo pero en cada solar seco inventa un hogar nuevo. Sueña con una cama mojada de sueños. Este loco aturde su soledad si yo me alejo. Su silbido me ama, reconozco el lenguaje humano y yo me acerco. El loco me acaricia en cada acera hostigada por el viento y en el meneo de mi rabo él lee la felicidad.

El loco fuma cáñamo en la noche sin tiempo, en el triste balcón donde el presente se suicida. Yo aspiro bocanadas de resina quemada desde su boca. Su menta tostada me besa la razón. A quien le abrase el sol esta madrugada entonces comprende cómo me siento... ¡Porque el loco se despide otra vez de mí en el momento que decide la libertad de seguir a mi lado!

Entonces mi conciencia canina asume que yo soy un hombre sin correa y el loco perruno es ahora un alma sudada, un torso quebrado que huele a montaña, aros de otras vidas, seda de mi araña, simétrica alegría donde el recuerdo se reencarna.