lunes, 15 de agosto de 2016

El recuerdo y la raíz

Recuerdo cuando dentro de tres meses recibirás tres cartas. El sábado pasado las escribí pero aún no sé leer. ¡Tengo cuatro años! No deseo que a esos tres mensajes les alumbre la más absoluta de las negruras así que guardo los sobres abiertos y vacíos. Pongo las cartas en tres paredes distintas con un mismo pegamento, dejo un candado cerrado al sol, cuelgo del tendedero dos precintos de plástico sin garantías de que el viento se los lleve y termino la colección de tres sellos que nunca usaré.
En las tres cartas adjunto respectivamente un currículum atroz, un fósil de cargador de teléfono móvil y una flor enraizada al suelo natural... Sí, no es de extrañar, en estas tres cartas explico la relación existente entre una raíz y un recuerdo.

Lo que me parece ayer

Mañana por la mañana, a las tres de la tarde, empezamos mal. Han repartido mi tarta de cumpleaños tres siglos después de que me mataran los mosquitos. El lago de mi desierto está repleto de cajas vacías. ¡Me quejo porque el número uno podría ser mucho más sencillo! Se empecina el sol en arrastrarse por las cortinas de mi espalda. No lloro. Soy manzana que deja atrás a la virgen intacta. Aunque no he reparado en las pastillas, huelo que fumo. No me extraña lo que me parece esta noche cuando amanece ayer.